De sueños

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El perro se empieza a quemar. Empieza por los pelos de la cara. ¿Puede acaso él mismo apagar el fuego? Imagino que sí. Y el fuego avanza. Es un perro peludo. La niña se acerca angustiada con una cubeta a echarle agua. Le ayudo. Y apagamos el fuego, consternados. El fuego ya había consumido al noble y leal perrito.

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